odisea
Soy la traducción de una poesía que escribió una poeta estadounidense, que sobrevuela todos los versos de la Odisea que tocan el agua. Estoy apoyado en una hoja grande, al lado de mi hermano. Me lee quien me tradujo: una migrante inglesa, abandonada por sus padres en una escuela pupila, que aprendió a desdramatizar y aceptar su historia, viviendo en Villa Elisa.
Mis versiones, aún no metradas ni corregidas, se pronuncian en una ronda de personas que descansan al sol para seguir más tarde con la labor colectiva que les reúne.
Tengo el acento de unos dientes grandes en boca de animal ligero.